Roma no nació siendo Roma
El latino, el etrusco y el griego de la Magna Grecia
Hoy en clase de literatura, tuvimos la oportunidad de explorar sobre historia. Cuando pensamos en Roma imaginamos legiones, emperadores, grandes edificios y una civilización capaz de dominar buena parte del mundo conocido. Pero Roma no surgió de la nada. Antes de convertirse en potencia, estuvo rodeada por tres grandes mundos culturales que marcaron profundamente su identidad: los latinos, los etruscos y los griegos de la Magna Grecia.
Los etruscos fueron uno de los pueblos más importantes de la Italia central entre los siglos VIII y III a. C. Su territorio principal fue Etruria, correspondiente sobre todo a la actual Toscana y zonas vecinas.
Durante siglos su origen fue considerado un misterio. Heródoto afirmaba que procedían de Asia Menor, mientras otros autores antiguos pensaban que eran originarios de Italia. Hoy, la arqueología considera más probable que su cultura se desarrollara principalmente a partir de poblaciones locales de la Edad del Hierro, especialmente de la cultura villanoviana, aunque con importantes influencias griegas y orientales.
Los etruscos no formaron un imperio unificado. Su mundo estaba compuesto por varias ciudades-Estado, entre ellas Tarquinia, Veii y Cerveteri. Fueron grandes comerciantes, metalurgistas y extraordinarios orfebres. Sus trabajos en oro, filigrana y granulación muestran un nivel técnico sorprendente incluso para los estándares de la Antigüedad.
Durante los siglos VII y VI a. C., la influencia etrusca sobre Roma fue enorme. La propia tradición romana atribuye origen etrusco a algunos de sus últimos reyes, como Tarquinio Prisco y Tarquinio el Soberbio. Roma adoptó de ellos rituales religiosos, símbolos de autoridad, técnicas arquitectónicas, ceremonias públicas y formas de interpretar la voluntad de los dioses.
Después ocurrió algo que se repetiría muchas veces en la historia romana: Roma aprendió de otro pueblo y después terminó conquistándolo.
A partir del siglo V a. C., el poder etrusco comenzó a disminuir. Roma fue conquistando progresivamente sus ciudades hasta absorberlas por completo. Su lengua terminó desapareciendo, pero una parte importante de su cultura sobrevivió dentro de la civilización romana.
A esto se sumaba la influencia de los latinos, que aportaron la base lingüística, social y territorial de Roma, y la de los griegos de la Magna Grecia, establecidos en el sur de Italia y Sicilia. De los griegos llegaron la filosofía, el teatro, la poesía, la mitología, el arte y muchos de los modelos intelectuales que después fascinarían a las élites romanas.
Los primeros romanos tenían, además, una mentalidad profundamente práctica. Valoraban la agricultura, la guerra, el derecho, la administración, la familia y la vida pública. Por eso la literatura entendida como actividad artística no tuvo al principio el mismo prestigio que en Grecia.
Decir que consideraban la literatura simplemente una “pérdida de tiempo” sería exagerado. Más bien, tendían a valorar aquello que tenía una función concreta: una ley, un discurso, un ritual, un registro o una enseñanza útil.
Pero cuando Roma entró en contacto intenso con el mundo griego, esa mentalidad cambió. Los romanos comenzaron a traducir obras, estudiar filosofía y retórica, adaptar tragedias y comedias y desarrollar finalmente una literatura propia.
En ese sentido, Roma no fue grande por mantenerse culturalmente aislada, sino por su capacidad para absorber ideas ajenas, adaptarlas y convertirlas en algo profundamente romano.
La proxima vez que pensemos en Roma, recordemos que efectivamente: no se construyó en un día.
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